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	<title>Anuk almacen de libros &#187; El libro de los libros</title>
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		<title>El libros de los libros : El león negro</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Aug 2010 20:01:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo D`Amato</dc:creator>
				<category><![CDATA[02 PUBLICACIONES ONLINE]]></category>
		<category><![CDATA[El libro de los libros]]></category>
		<category><![CDATA[el cuento del mes.]]></category>
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		<description><![CDATA[En un paraje perdido al este de África oriental, los pobladores de una pequeña aldea reportaron haber avistado un león macho de considerable tamaño y fiereza de enmarañado pelambre color negro que se había cobrado algunas cabezas de ganado en sus incursiones nocturnas. Las crónicas solo en dos oportunidades habían mencionado especimenes de tales características [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://goondesign.blogspot.com/2009_03_01_archive.html"><img class="alignleft size-full wp-image-1133" title="Evolution has no limits." src="http://www.anuk.com.ar/wp-content/uploads//leon-negro.jpg" alt="Imagen x GO Design" width="257" height="281" /></a></p>
<p><strong>E</strong>n un paraje perdido al este de África oriental, los pobladores de una pequeña aldea reportaron haber avistado un león macho de considerable tamaño y fiereza de enmarañado pelambre color negro que se había cobrado algunas cabezas de ganado en sus incursiones nocturnas.</p>
<p><span id="more-1134"></span>Las crónicas solo en dos oportunidades habían mencionado especimenes de tales características físicas, y Víctor Von Whilberg lo sabía de sobrada cuenta cuando el, rumor llego en forma de carta a su casa en las afueras de Berlín.</p>
<p>Víctor Von Whilberg Había sido cuando joven un cazador temerario y había gozado de cierto reconocimiento y prestigio pero ello había sido muchos años atrás y descansaba entonces alejado ya de la actividad, viviendo holgadamente gracias al alquiler de algunas propiedades que poseía por herencia en la capital Alemana.<br />
Víctor Von Whilberg pasaba el tiempo en la sala de estar, leyendo en la silla mecedora enfrente del fuego, diarios de guerra o novelas históricas de grande personalidades.<br />
En esa misma sala rendía culto a la aguerrida valentía de sus antepasados también cazadores, colgando retratos de ellos entre los numerosos trofeos de caza mayor que le recordaban a diario que el tipo de sangre que corría por sus venas no era la de una raza perezosa.<br />
Víctor Von Whilberg era en sus costumbres un hombre solitario austero y parsimonioso que prefería la comodidad al lujo y el trabajo al encargo.<br />
Enseguida se hubo enterado de la noticia sintió que el soplo de la juventud perdida le recorría el cuerpo. Sin perder tiempo preparo su carpa, y su bolsa de dormir. Sus fusiles, sus cuchillos, linterna , cantimplora, y una mochila grande con ropajes, botiquín y utencillos variados. Ese mismo, día telefoneo a la oficina de Aerolíneas Lufthansa y reservo un pasaje para el siguiente mediodía, que lo dejaría sin escalas en un aeropuerto de Kenia.<br />
Una vez hubo arribado, compró víveres y un mapa de la región, alquilo un jeep y se internó en la sabana rumbo al poblado donde el enorme León había sido visto. Una vez allí, lugareños bien pagados, le indicaron sobre el mapa, un río serpentoso que debía cruzar, hasta llegar al pie del monte que da nombre al país, el segundo mas alto de África, ubicado al norte de Nairobi. Rumbo al este encontraría una serie de bosquecillos y varias cavernas donde los pastores solían llevar en otros tiempos sus cabras a pastar. Allí, le indicaron, podría llegar a encontrar al gran León negro. Tenga mucho cuidado le advirtieron- El león no es un animal, sino un espíritu maligno de la selva. No le comerá el cuerpo sino el alma.-<br />
Víctor Von Whilberg no tuvo problema en alcanzar el lugar indicado. En un árbol que juzgo lo suficiente alto, construyó un improvisada tarima y sobre esta armó su carpa. Preparo los fusiles, y se dispuso a esperar.<br />
Durante los días exploraba y oteaba con sus binoculares en busca de rastros y durante las noches, aguardaba paciente con su linterna y sus fusiles a que el animal, al que sabía de hábitos nocturnos se viera atraído por los cebos o cayera en alguna de las trampas. Víctor Von Whilberg intuía sin embargo que el pelambre oscuro de la bestia haría casi imposible un avistamiento en horas sin sol.<br />
Una semana mas tarde de haber arribado, Víctor Von Whilberg dio con unas huella de gran tamaño y supo que eran de la criatura que el perseguía, Cambió de lugar el campamento, y se reaprovisionó en un poblado cercano, donde también, pudo oír rumores nuevos sobre el demonio noctívago.<br />
Cinco noches mas tarde hoyo su rugido y la piel se le erizo. Nunca había oído nada parecido, sonaba como si hubiera salido de las entrañas mismas de la tierra. Un eco milenario, proyectándose más allá del tiempo y el espacio.<br />
La noche numero seis, logró avistar una sombra gigantesca camuflada con la oscuridad total desplazarse entre los largos pastizales bajo el sin fin de estrellas que parecieron replegarse ante su tranco. La noche numero siete, la criatura probó la carne de una de las ovejas que había dejado atada a un poste. y Víctor Von Whilberg logró acertarle un tiro. El león lanzó un gemido desgarrador y huyó malherido. Con su escopeta al hombro, un revolver en la mano, un cuchillo en el cinto y la linterna en otra mano, El cazador siguió el rastro de sangre persiguiendo el animal moribundo. Lo encontró en una cañada rodeada por un despeñadero. Allí yacía el cuerpo ciclópeo del animal. La espesura de su pelo negrísimo se recortaba, por su intensidad con la de la roca iluminada por la luna en cuarto creciente. El tamaño de la criatura era realmente apabullante. Un ejemplar vigoroso de una hermosura sobrenatural. La bala le había perforado el cuello. Respiraba con dificultad emitiendo un soplo áspero y lastimoso con la lengua afuera, y los ojos áureos, abiertos de par en par, buscaba la mirada de su ejecutor. Víctor Von Whilberg lo contemplo abrumado. Y por primera vez lloró frente a una presa, no fue por lástima ni por piedad, sino por la intima convicción de haber vislumbrado desde el principio aquello que entonces resultaba evidente. Con cierta confusión de emociones que oscilaban entre el éxtasis y el espanto remató al animal de un tiro en el corazón. Una semana más tarde una brigada de patrulla halló el cuerpo muerto del cazador. Asombrosamente los animales salvajes no lo habían tocado. Tenía un orificio de bala en el cogote y otro en el pecho. Las huellas de un león enorme se concentraban a su alrededor y se perdían hacia lo profundo del monte.</p>
<p>CUENTO &#8220;EL LEÓN NEGRO&#8221; DEL LIBRO &#8220;EL LIBRO DE LOS LIBROS&#8221; xPABLO D´AMATO</p>
<p>IMAGEN X GO DESGINS</p>
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		<title>El libro de los libros : EL ser del tigre.</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Jul 2010 14:56:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo D`Amato</dc:creator>
				<category><![CDATA[02 PUBLICACIONES ONLINE]]></category>
		<category><![CDATA[El libro de los libros]]></category>
		<category><![CDATA[lecturas]]></category>

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		<description><![CDATA[El Tigre, las tierras que  distribuyera Juan de Garay  son  un laberinto de arroyos e islas en el delta del Paraná que desembocan  en el majestuoso Río de la Plata.  Ese río color del león lo llamaría Borges “un río tan lento que la literatura ha podido llamarlo inmóvil” y cuyas agresivas  crecidas sin embargo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://www.anuk.com.ar/wp-content/uploads//2305592528_f7713f8848.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1089" title="el ser del tigre" src="http://www.anuk.com.ar/wp-content/uploads//2305592528_f7713f8848.jpg" alt="" width="300" height="159" /></a>E<span style="font-weight: normal; font-size: 13px;">l Tigre, las tierras que  distribuyera Juan de Garay  son  un laberinto de arroyos e islas en el delta del Paraná que desembocan  en el majestuoso Río de la Plata.  Ese río color del león lo llamaría Borges “un río tan lento que la literatura ha podido llamarlo inmóvil” y cuyas agresivas  crecidas sin embargo devoraron mas  de una vez la villa.</span></strong></p>
<p>El Tigre es en si mismo una entelequia  enmarañada donde se enreda la historia con la quimera que asoma impetuosa  desde el cielo diáfano e incognoscible, desde la espesura susurrante de su maleza, desde el fondo de sus aguas amarronadas habitadas por bogas, dorados, pejerreyes y quien sabe cuantos ignotos entresijos.<span id="more-1088"></span></p>
<p>El tigre, paraje que recibe su nombre de fiera  indomable de los yaguaretés que poblaron lo largo de las islas y campos y emigraron hacia las selvas de Misiones cuando el hombre la reclamo para si sus extensiones.</p>
<p>El Tigre descendiente  salvaje del paraíso originario se explaya frondoso, con una sombra de historia proyectada sobre sus brazos cubiertos de embarcaciones que lo remontan impulsadas por la agreste  fuerza de la vela y el  remo.</p>
<p>Las tropas de Liniers hicieron noche allí cuando aun se le llamaba “El pago de las conchas” a la espera de las ordenes que les indicaran  avanzar sobre Buenos Aires para liberarla del invasor ingles.  Allí se quito la vida  Lugones, con un trago fatal de whisky y cianuro y allí vivió  Domingo F. Sarmiento  “…durazno y naranjos son, ya se sabe, la maleza de estas islas, y los sauces crecen como por encanto” decía alucinado  “vienen lo mismo las parras, los perales, los nísperos y los demás frutales. Crecen las habas como arbustos, el maíz es negro de puro lozano”.</p>
<p>El tigre. Es hoy una tierra poblada por los descendientes de los inmigrantes que en la década del veinte escaparon de la hambruna y la miseria europea y luego de trabajar duramente como quinteros y jornaleros pudieron acceder a sus propias parcelas en una época donde sacrificio era sinónimo de bienestar.</p>
<p>Si. El tigre es tierra bendita y reproductora. Si. El Tigre….</p>
<p>Pero la oscuras raíces que los Chaná-timbúes y los Guaraníes, habitantes originales, conocían, no figuran en los libros de historia. Secretos que ni Borges ni Sarmiento intuyeron. Quizás si Lugones alcanzo a  percibir  en los entretelones de su muerte cubren aun las profundidades fangosas. Mas allá de los frutales y el mimbre, la espesura  aúlla en las noches aún el gemido lúgubre de una memoria monstruosa que algunos han elegido ignorar y otros prefieren olvidar.</p>
<p>Cuando Lucía Siga, Anciana de rasgos nórdicos, y mirada intimidante. De movimientos precisos y palabra meditada encontró el primer cuerpo mutilado en el muelle de su modesta pero pintoresca casa al margen del  río sarmiento. No sintió miedo. Años de profesión docente le habían ablandado el corazón, pero endurecido el espíritu.</p>
<p>Lo observo primero con curiosidad  científica y luego con contemplación poética. Y dio aviso a prefectura.</p>
<p>No fue el primer caso. En el transcurso de los dos últimos años la corriente había dejado en las costas varios cadáveres, con signos evidentes de haber sido brutalmente ultimados. Los rumores corrían entre los habitantes de las  islas, y  el miedo comenzó a inflar el aire. Hasta el viento pareció intimidarse y ceso su soplido. Una sombra entre los árboles, dijeron haber visto algunos. Una extraña figura asomando entre los canales. Aseguraban los otros. Una sustancia de pegajosa consistencia allí en los alrededores, donde la hierba aplastaba indicaba el paso reciente. Perros feroces con las costillas quebradas y las entrañas esparcidas. Niños pequeños desparecidos de sus propias camas dejando detrás un cauce de sangre negra. Pescadores fornidos con el cuello agujereado a tajos como si unas filosas zarpas los hubieran dominado sin problema. Mujeres en sus propios jardines, agonizantes,  con la entrepierna sangrante destruida a dentelladas. Pescadores que había encontrado marcas misteriosas en sus barcos,  luego de sentir fuertes sacudones como si algo hubiera intentado sujetarlos para arrastrarlos hacia el fondo.</p>
<p>Sonidos ululantes entre las plantas, ciseantes,  burbujeantes secundados por un  hedor a cuerpo putrefacto. A pescado muerto, a aguas estancadas. Nadie parecía estar a salvo. Intuyeron entre los desvaríos que provoca el miedo las correrías de algún tigre viejo y sobreviviente, vengando a sus congéneres, serpientes, gigantescas y hambrientas, que habrían llegado  en los camalotes desde las selvas del norte con la sudestada. Alguno sugirió que era obra del mismo lucifer, cebado por la sangre que había teñido el  río desde las viejas épocas de los virreinatos y la independencia, se habló de fantasmas y espíritus antiguos, de maldiciones indígenas y no falto quien asegurara  que Dios mismo enfurecido por la hereje  comparación  del Tigre con la tierra prometida los castigaba con semejante monstruosidades. Nadie, se atrevió jamás a dar caza al sanguinario  asesino. Un día las muertes simplemente dejaron de sucederse. Y los pobladores, poco a poco fueron recuperando la tranquilidad. Y olvidaron a los muertos o prefirieron dejar de hablar de ellos. Como si allí nunca  hubiera pasado nada. Menos averigua dios y perdona. Decían las viejas si algún entrometido preguntaba más de la cuenta.</p>
<p>Pero Lucía Siga, no se conformó con avisar a las autoridades portuarias que se limitaron a detener un par de sospechosos y hacer alguna que otra redada. .</p>
<p>Era mujer viuda,  de sueño y fuerza forjados base de vida, había parido cuatro fuertes crios que vivian entonces lejos de allí y se ocupaba sola  y sin problema de mantener la huerta la casa y los jardines.</p>
<p>Con la misma resolución  una noche de cielo negrísimo sin luna  en que las nebulosas y las estrellas parecían acrecentarse en cada intermitencia, se aventuro entre los altos pastizales, siguiendo un silbido amortiguado y rugoso,  que despedía el olor terrible de la carne descompuesta. Lo oyó sumergirse, y por los canales siguió su estela sobre la superficie del agua silenciosa, hermosa bajo la luz de las casas,  en dirección al puerto, montada en una pequeña embarcación de madera. El batir de los remos la condujo hasta un viejo y enorme  barco abandonado, probablemente incendiado en otras épocas, cuyo esqueleto aun flotaba  con la mitad del cuerpo encallado en el barro y cubierto por la maleza de la tierra virgen en una estampa fantasmal y aterradora.</p>
<p>Lucía vio como a lo lejos, del agua emergía una criatura humanoide, de menudo tamaño, y la apariencia incierta de ser un ser traslúcido, y blancuzco como las aguavivas.</p>
<p>Trepo por la popa del barco como si pudiera adherirse a la pared y despareció entre la oscuridad.</p>
<p>Lucia no cometió el desatino de seguirlo. Volvió a su casa y espero sin poderse dormir a que el sol alcanzara su cenit. Entonces regreso, hasta la embarcación que no por ser de día, se veía menos aterradora.</p>
<p>Una vez dentro, armada  con una linterna y un listón. Recorrió las húmedas habitaciones cubiertas de musgo y caracoles  revisando cada rincón. Se sobresalto  con brusquedad cuando al abrir un pequeño armario alado de lo que fuera el timón. Vislumbro un ser glutinoso que se inflaba y desinflaba como si respirara. Luego de reponerse, con el corazón aun acelerado. Volvió a abrir lentamente la puerta y contemplo  el horror.</p>
<p>Sumergido dentro de lo que parecía una bolsa o una larva transparente y babosa de interior liquido. Dormía la criatura tenía la figura de un roedor, con largas patas cubiertas por pelo negro. El rostro parecía el de un niño pequeño, a través de la piel de su cuerpo podían verse sus huesos pequeños, y sus alimentos digeridos a medias.  Tenía branquias. Pezuñas , una larga cola y  unas aletas incipientes. Donde debiera haber estado la boca tenía una especie de tuvo carnoso de forma agusanada, repleto de comillos serosos que  despedían un olor nauseabundo. Coronada por unos extensos bigotes.</p>
<p>La criatura abrió los ojos y arrojó una leve luminiscencia. Parecían los ojos inocentes de un niño recién despertado. Pero no lo eran  Sin flaquear, lucia golpeó a la criatura con el palo, que lanzo un gemido estéril  hasta convertirla en una masa grasienta sobre el suelo, la miro durante unos instantes y se marchó.</p>
<p>Años después Cuando Lucia falleció y sus hijos decidieron vender la casa encontraron en un pequeño baúl bajo la cama su diario, y en él  anotaciones en forma de diario que dejaban constancia de lo sucedido. No existe prueba   alguna capaz de dar veracidad a sus palabras, pues el barco mencionado fue destruido  por completo. La mayoría de las personas que escucharon  esta  historia creyó  que se trataban de los desvaríos de una loca solitaria. Yo quizás opinaría lo mismo si no supiera que la fecha de su incursión, precede a  la interrupción de los ataques, casi con exactitud y que El tigre es tierra de fantasía y ensueño que emana misterios sombríos y sublimes  que se cubren y destapan con cada nueva marea y que  la rígida  historia, a pesar de sus intentos, no logra soslayar.</p>
<p><strong>El libro de los libros es un libro de cuentos cortos de Pablo D`amato. El libro de los libros y todos los cuentos que lo integran, se encuentran registrados. </strong><strong> </strong></p>
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		<title>El libro de los libros- Ultimo comunicado recuperado. clave: extinción.</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Jun 2010 14:27:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo D`Amato</dc:creator>
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		<category><![CDATA[El libro de los libros]]></category>
		<category><![CDATA[el cuento del mes.]]></category>

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		<description><![CDATA[E l Psiconauta número 50000643267 despertó y eso nunca había sucedido antes. Él, como todos los de su especie, vivía en un sueño de conciencia total conectado a la red proto-neuronal del proyecto Gestalt 5.0. El Psiconauta número 50000643267 despertó temblando, un sonido zumbante le había erizado la piel y luego esa misma piel comenzó  [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table cellspacing="0" cellpadding="0" align="left">
<tbody>
<tr>
<td align="left" valign="top">
<h1><strong><a href="http://www.anuk.com.ar/arte/"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1027" title="el pablotauro" src="http://www.anuk.com.ar/wp-content/uploads//file81-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>E</strong></h1>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><strong>l Psiconauta número 50000643267 despertó y eso nunca había sucedido antes. Él, como todos los de su especie, vivía en un sueño de conciencia total conectado a la red proto-neuronal del proyecto Gestalt 5.0.</strong><span id="more-1026"></span><strong><br />
</strong></p>
<p><strong>El Psiconauta número 50000643267 despertó temblando, un sonido zumbante le había erizado la piel y luego esa misma piel comenzó  a arderle en varios lados del cuerpo que se estremeció en un profundo escalofrío.</strong></p>
<p><strong>Los Psiconautas pertenecían a la raza denominada Homo Sapiens Cyborg, (h.s.c), la inmediata evolución del Homo Sapiens Sapiens (h.s.s), sujetos de una adaptación superlativa y hereditaria a un entorno de silicio, conexiones y trasmisores.</strong></p>
<p><strong>Sus cerebros generaban sinapsis en un porcentaje altamente superior a cualquiera de sus antepasados humanos. Eran capaces de procesos cognitivos lingüísticos y semánticos  de profunda complejidad, y manipulaciones abstractas en universos de n dimensiones les eran naturalmente posibles poco después del nacimiento.</strong></p>
<p><strong>En los primeros años de vida desarrollaban la capacidad de conectarse a una terminal de red inalámbrica  con suma facilidad y sin ningún tipo de implante, sólo manipulando las propias ondas y pulsos electromagnéticos, pudiendo procesar y transmitir información a la misma velocidad que los ordenadores cuánticos de ultima generación.</strong></p>
<p><strong>Se los llamo Homo Cyborg  por la empatia natural que manifestaron con las novedosas computadoras biológicas de fin del siglo veintiuno, la primera construcción de vida artificial, conciente y sensible.</strong></p>
<p><strong>Los Psiconautas, aquellos H.S.C  con especial capacidad de interconexión, poco a poco se fueron destacando en todos los campos de las ciencias naturales, quedando la primacía de las artes en manos de los H.S.S.</strong></p>
<p><strong>Para la llegada del siglo veintitrés se inauguro el proyecto Gestalt, una red neuronal que facilitaba la conexión de todos los H.S.C  alrededor del mundo en una sola y enorme inteligencia entrelazada. Fue anunciado como el proyecto más ambiciosos y costoso de la historia de la humanidad. Y así lo fué. En los años que siguieron, el proyecto Gestalt  permitió avances inimaginados en los campos la física, la química, las matemáticas,  la robótica, la  astronomía y la economía.</strong></p>
<p><strong>Pudo anunciarse hacia fin de ese mismo siglo, que finalmente se había alcanzado la tan anhelada unificación de los campos. Se retomo la conquista del cosmos con bríos renovados y posibilidades impensadas.</strong></p>
<p><strong>En la tierra, el gobierno mundial, anunció para ese mismo año el fin definitivo de la pobreza en la tierra y una nueva era de bienestar  y prosperidad planetaria. Los computadores realizaban el trabajo pesado. Los H.S.C  y los hombres creaban, investigaban,  pensaban y disfrutaban. Los Psiconautas aportaban el factor de genialidad: la chispa sagrada que esporádicamente había hecho que la humanidad diera un salto cualitativo era entonces constante y  crecía exponencialmente.</strong></p>
<p><strong>Los problemas ambientales se convirtieron en un vergonzoso  recuerdo del pasado, así como las guerras, el hambre, la esclavitud y la persecución ideológica. Los Homo Sapiens habían logrado finalmente construir su propia Utopía.</strong></p>
<p><strong>Cuando en el siglo veintitrés cayó la primera roca, nadie estaba ni por asomo, preparado para semejante desastre. Una bola ígnea  visible desde todos los puntos del hemisferio sur, surcó los cielos y estallo sobre la cordillera de los andes, provocando una explosión catastrófica seguida por una serie de terremotos y tsunamis que espantaron al mundo. Al primer impacto, siguieron otros de menor tamaño pero de gran poder destructivo. En unas pocas horas el paraíso se había transformado en el infierno.</strong></p>
<p><strong>El consejo mundial, en una reunión extraordinaria, adoptó una solución inmediata por unanimidad: La conversión de la red neuronal Gestalt 3.0 en un sistema de defensa, encargado de construir y manejar las baterías de de misiles orbitales y sondear el espacio en busca de posibles amenazas. Nació así la Gestal4.0</strong></p>
<p><strong>Pronto se recubrió el motivo de la colisión. Dos planetas en el borde mas cercano de la galaxia, habían cruzado sus orbitas hacía siglos y estallado en una explosión que en la tierra apenas se había visto como un chispazo en el cielo nocturno, generando un gigantesco cinturón de asteroides, cuya orbita alrededor de la vía Láctea encontraba a la tierra en el medio de su recorrido. Las colisiones serían las primeras de una infinidad que la atacarían por los siguientes cuatro siglos.</strong></p>
<p><strong>Todas las posibilidades fueron exploradas y todos los  recursos fueron destinados al   Gestalt 4.0,  que fue 5.0 cuando algunos años después, fue finamente perfeccionado hasta ser una entidad plural fotosintética y autopoiética.</strong></p>
<p><strong>Todos y cada uno de  los Psiconautas, pasaron a formar parte  de  una pared metafísica autoconsciente e impenetrable  de rastreo y destrucción de rocas vagabundas.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Pero el día 4 del mes 7 del año 2697, el Psiconauta numero 50000643267 despertó y vió a la criatura.</strong></p>
<p><strong>Una maldad primigenia de la que los archivos no guardaban información se proyectó ante sus ojos blanquecinos como una sombra diminuta y tembló todo su organismo. Intentó seguirla con la vista e  identificarla, pero  de inmediato la vió desaparecer camuflándose con el entorno. Nada, en su constante entrenamiento para cazar asteroides, lo había preparado para aquello.</strong></p>
<p><strong>Sintió el monstruoso sonido y toda la piel se le erizó en un escalofrío profundo que develó los punzantes ardores que la cubrían. Supo que aquel ser oscuro que remontaba vuelo, lo había despertado con su artero ataque y que ahora lo observaba escondido en algún sitio del espacio-tiempo. Temblando, aguardó agazapado y en silencio mientras transcurría un instante que le pareció una eternidad, pero la criatura no volvió a aparecer y pronto el sueño lo reclamó, pues la vigilia no era para los Psiconautas  más que un soplo confuso de trans-temporalidad.</strong></p>
<p><strong>Intentó conectarse nuevamente haciendo caso omiso al ardor sobre el cuerpo y al temor que crecía dentro de su pecho.</strong></p>
<p><strong>Entonces, justo en el instante en que retornaba a su sueño-conciente y comenzaba a recobrar la calma, se desconectó abruptamente al tiempo que volvía a  oír aquel sonido bestial, casi mecánico, que  se aproximaba abalanzándosele.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Lo invadió un terror desesperado y completamente fuera de sí, hizo un uso descontrolado de sus miembros físicos para intentar golpear al invasor, mientras los nervios se le crepaban al punto de generarle un tembloroso mareo.</strong></p>
<p><strong>Pero pese a sus reiterados intentos, la criatura se escabulló sin problema y nuevamente se hizo invisible, mientras él descubría dos nuevas y picantes hinchazones en los nudillos de sus manos.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Pasó el tiempo y  el Psiconauta numero 5000064326 permaneció despierto, enajenado, con las mandíbulas contracturadas, las manos frías y la boca reseca, susurrando maldiciones, mientras en su mente superior una sola idea tomaba retorcida forma y se repetía incesantemente: “destruir a la a criatura que buscaba alimentarse del flujo que le corría por dentro y de ser posible, corresponderle todo el sufrimiento que ésta le había generado”.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Aguardó sin lograr serenarse, obsesionándose a cada segundo y en el colmo de su obsesión, descubrió que la criatura no estaba constituida por un solo individuo sino por muchos. Entidades físicas disímiles, capaces de cooperar y relevarse con el único fin de atacarlo. La locura completa se apodero de él. Sobrevino entonces el llanto, la angustia y el abandono. Concibió detrás de aquella una maldad dirigida, decidida a quebrarle el sistema nervioso, a subyugarlo a una rendición humillante. Creyó ver en aquellos movimientos coordinados que lo sobrevolaban rasante una danza soberbia, una demostración de poder y sometimiento.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>En un último intento de recuperar su orgullo, se irguió de la cápsula que servía de protección de Munio de la  cabecera acolchada, y haciendo uso de todas sus facultades combinadas y como siglos antes, la humanidad había hecho contra la lluvia de meteoritos, abandonó la defensa y encabezó un ataque corajudo, aplastando a diestra y siniestra cada una de las criaturas con la almohada de sintético y esponjoso plástico.</strong></p>
<p><strong>Riendo desencajado, observó a su enemigo agonizante. Se fregó el cuerpo con la sangre de los vencidos y con su propia mano aplasto  al último de los mosquitos. Aún poseído por la furia guerrera, redirigió con su mente las baterías de metrallas y las descargó, sin misericordia, contra la pared donde el insecto se retorcía moribundo, le siguió una descarga de cañones láser de alta precisión y descargó por fin, una ráfaga de misiles de impacto local, que desintegraron por completo las cuatro paredes que lo rodeaban quedando reducidas a una montaña de polvo.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Recién entonces, cuando la paz retornó por fin a su cuerpo, el Psiconauta respiró aliviado y sonrío. Con un  esfuerzo ínfimo  de concentración, volvió a conectarse a la red de redes. Tres segundos después se hallaba en el seguro y confortante universo binario y sentía en el cerebro el cosquillante flujo de información que lo recorría poniéndolo al tanto de la situación.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Reparó instantáneamente en la alarma de máxima seguridad, que sonaba sin cesar hacía más de diez  minutos, y en la inmensa nube de vapor ardiente que comenzaba a emerger de  todo aquello de lo que sus censores daban cuenta.</strong></p>
<p><strong>El Psiconauta número 5000064326 se evaporó como todo a su alrededor.</strong></p>
<p><strong>No llegó a saber jamás del gigantesco aerolito que, por la zona que a él le tocaba controlar en primera instancia, penetró las cuatro capas de defensa que él mismo dirigía, alcanzando la estratosfera terrestre dónde se deshizo en un sinnúmero de inmensas rocas que regaron el hemisferio norte del planeta, aniquilando en pocos segundo cualquier vestigio del hombre, sus antecesores y sus descendiente.</strong></p>
<p><strong>Tampoco llegó a saber que, como la mayoría de los insectos, los mosquitos sobrevivieron a la hecatombe.</strong></p>
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		<title>El libro de los libros &#8211; Las esposas de Joaquín Alzegerri</title>
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		<pubDate>Mon, 17 May 2010 03:44:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo D`Amato</dc:creator>
				<category><![CDATA[02 PUBLICACIONES ONLINE]]></category>
		<category><![CDATA[El libro de los libros]]></category>

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		<description><![CDATA[En la localidad rural de Qulimanchado , tuvo lugar  un hecho de características horripilantes, que el apátrida gobierno unitario se ha empeñado inútilmente en ocultar y que yo hoy me dispongo sin mucha vuelta ni lujo  a hacer de conocimiento mas por aburrimiento que por algún tipo de  afán justiciero. Joaquín Alzegerri, sujeto de contextura [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table cellspacing="0" cellpadding="0" align="left">
<tbody>
<tr>
<td align="left" valign="top"><strong><span style="font-weight: normal; font-size: 13px; line-height: 19px;"><strong><span style="font-size: small;"><span style="line-height: normal;"><a href="http://www.anuk.com.ar/arte/"><img class="alignleft size-medium wp-image-976" title="Imagen x pablo d´amato" src="http://www.anuk.com.ar/wp-content/uploads//instalacion-2-225x300.jpg" alt="&quot;maniqui&quot;" width="180" height="240" /></a>E</span></span>n la localidad rural de Qulimanchado , tuvo lugar  un hecho de características horripilantes, que el apátrida gobierno unitario se ha empeñado inútilmente en ocultar y que yo hoy me dispongo sin mucha vuelta ni lujo  a hacer de conocimiento mas por aburrimiento que por algún tipo de  afán justiciero.<span id="more-975"></span></p>
<p></strong></span></strong></p>
<p><strong><span style="font-weight: normal; font-size: 13px; line-height: 19px;"><strong><span style="font-weight: normal;"><strong>Joaquín Alzegerri, sujeto de contextura mediana, ojos color de miel, rostro inexpresivo y eternamente joven, reservado y de modales simples pero educados,  de oficio carpintero y sepulturero por elección, era el encargado de construir con sus propias manos, martillos, clavos y tablas,  los ataúdes, que luego de ser rellenados con el correspondiente  difunto,  -debidamente despedido por familiares y amigos, en pomposa o austera ceremonia dependiendo de las posibilidades económicas y aprecio que suscitare en vida el susodicho-  el mismo, enterraba provisto solo de una pala , en  las tierras destinadas por el estado para tal cosa y que llevan el nombre de cementerio. Sitio  que también le era menester vigilar.</strong></span></strong></span></strong></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><strong>Durante su larga vida   Joaquín Alzegerri acometió su labor con esmero ejemplar,  gozo de una salud envidiable y de la simpatía de mucha gente  que siempre lo tuvo en cuenta por ser  el velador de los  difuntos seres queridos y de ese honroso titulo dejo constancia la inscripción  que hicieron tallar en su lapida cuando a la edad de noventa y nueve años Joaquín Alzegerri falleció.</strong></p>
<p><strong>Según las expresas  instrucciones  en el primer párrafo   de su testamento el cuerpo fue inhumado en un hermoso ataúd de pluma de caoba que el mismo había construido. Un segundo párrafo despertó cierta incredulidad tragicómica,  pues  expresaba  Joaquín Alzegerri expresaba allí su deseo de  legar  todas sus propiedades a sus múltiples esposas  y  sabido era por todos que  el sepulturero, pobre y solitario, no había poseído  ni las unas ni las otras.</strong></p>
<p><strong>Algunas semanas mas tarde cuando una  comisión municipal, junto al nuevo sepulturero, dio revisa de las instalaciones del cementerio con intención de refaccionarlo y ordenar algunas ampliaciones resolvió el misterio y destapo el horror.</strong></p>
<p><strong>Durante todos aquellos años, Joaquín Alzegerri había habitado  no en la vivienda dispuesta para su función, sino dentro de un mausoleo con dos subsuelos, al que había restaurado con cierto lujo.  En el piso mas profundo había dispuesto la habitación, una cocina y una sala de estar, delimitados por biombos. En el superior una biblioteca muy bien provista, un reloj de pie y un escritorio de roble.</strong></p>
<p><strong>El mausoleo se hallaba interconectado por túneles que el mismo había cavado con otras criptas que  también había  profanado y reconstruido con todo tipo vistosos  muebles.</strong></p>
<p><strong>En todas las habitaciones  se hallaron  sin número de  mujeres exhumadas y posteriormente embalsamadas  ocupando con tétrica quietud   lugares de la vida cotidiana destinados a los vivos. Las rígidas pero  hermosas  estatuas de yeso que cubrían los cuerpos conservados, se hallaban sentadas a la mesa con gesto de charla, leyendo, jugando ajedrez, caminando o acostadas en la cama en sugestivas posiciones.</strong></p>
<p><strong>Joaquín Alzegerri  había creado su propio y solitario mundo y para vencer la inmensa soledad y  lo  había compartido  con  un harem de blancas y complacientes amantes.</strong></p>
<p><strong>texto e imagen x Pablo D´Amato</strong></p>
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		<title>El libro de los libros- El dilema del vacio-</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Apr 2010 11:19:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo D`Amato</dc:creator>
				<category><![CDATA[02 PUBLICACIONES ONLINE]]></category>
		<category><![CDATA[El libro de los libros]]></category>

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		<description><![CDATA[Con este cuento inauguro la publicación online de&#8221; El libro de los libros&#8221;.  Espero que les guste. El  profesor adjunto de la cátedra de ontología, Alberto Alfonso Aliberti, hombre de gesto severo y rigidez militar termino su largo monologo y frunció el seño en señal de desprecio por todo lo que le rodaba: Algunos cientos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<address><a href="http://www.anuk.com.ar/wp-content/uploads//devil_codex_gigas.jpg"></a>Con este cuen<span style="font-style: normal;"><em>to inauguro la publicación online de&#8221; El libro de los libros&#8221;.  Espero que les guste.</em></span></address>
<p style="text-align: left;"><a href="http://www.anuk.com.ar/wp-content/uploads//3512267934_8406784bbb_b.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-907" title="3512267934_8406784bbb_b" src="http://www.anuk.com.ar/wp-content/uploads//3512267934_8406784bbb_b-300x241.jpg" alt="" width="180" height="145" /></a></p>
<p><span style="font-weight: normal; font-size: 13px;"> </span></p>
<p><strong>El  profesor adjunto de la cátedra de ontología, Alberto Alfonso Aliberti, hombre de gesto severo y rigidez militar termino su largo monologo y frunció el seño en señal de desprecio por todo lo que le rodaba: Algunos cientos de estudiantes y profesores que lo habían estado oyendo atentamente.<span id="more-893"></span><br />
</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Ante el riguroso silencio uno de los alumnos levanto la mano. Alberto Alfonso Aliberti lo apunto con el índice y lo desafío con la mirada  y el alumno temeroso hizo su pregunta. <span style="font-weight: normal;"><strong>Entonces, profesor ¿Como deberíamos considerar  desde esa óptica al dilema del vacío?-El profesor  miro el suelo hizo una pausa y con voz grave y pausada  contesto. &#8211; Solo se me ocurren dos posibilidades-</strong></span></strong></p>
<p><strong>¿Ser o no ser?- pregunto el alumno, tratando de congraciarse.</strong></p>
<p><strong>NO- lo cortó Alfonso Alberto Alberti con severidad, mirando de reojo el reloj de la sala que marcaba las doce en punto.</strong></p>
<p><strong>Jugoso o a punto- Concluyó- y todos los presentes asintieron en silencio.</strong></p>
<p><strong>x  Pablo D´Amato</strong></p>
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