Entre tanto su mirada se camuflaba con el cielo del otoño, llovía el ámbar follaje enredándose en el aire, como doradas y frágiles lanzas que un una paciente muerte ensayan su primera y ultima danza.
Los álamos sueñan con venganzas de rutina y persisten en un clamor mudo alcanzando al crepúsculo, dejando atrás un manto crujiente de miradas y murmullos que a la sazón de una despedida sin memoria fueron a la postre no mas que la acumulación histérica de fantasías.
La luna fue la nata de la vía Láctea en un horizonte recortado de pliegos grises. Fue el himen virginal resistiendo los embates de las sombras noctámbulas que ascendían.
Y cuando las pupilas reflejaron mas estrellas que aquellas de las que la conciencia rendía cuenta y nos envolvía de noche la oscuridad , quebró ella el silencio que había guardado durante todo el día despegando los labios como dos olas siamesas que no se atreven a separarse.
:- La muerte y el futuro son la misma cosa- dijo mirando fijamente las crestas enredadas de las llamas que nos separaban- Son el primer pensamiento abstracto- Agregó.
Me quede mudo, mientras acomodaba la pava sobre unas piedras alrededor de la fogata que chispeaba e iluminaba su rostro de a ratos como un faro en medio de una tormenta.
:- Quizás fue en una noche similar a esta- dijo recostándose sobre la grava y clavando la mirada en la bóveda que comenzaba despejarse.- Alrededor de un fuego como este que alguien hace cien mil años o mas, se dio cuenta que tarde o temprano se iba a morir. Y en vez de concluir que cada día que pasa es uno más de vida, imaginó que cada día es un paso más que damos hacia ese abstracto. Hacia esa muerte. Hacia ese futuro inevitable.-
Recapacité en silencio mientras armaba un cigarrillo y oía el clamor del río que corría espumante a solo unos pasos del campamento.
:- Ese fue el miedo primigenio- Continuó- El miedo que inauguró la conciencia que el hombre tiene de su propia conciencia. De ahí en más, la nuestra es una historia de intentos por soportar ese miedo que es el motor de nuestra historia-
Me acomodé la manta que llevaba sobre los hombros y prendí el cigarrillo con la brasa que ardía en la punta de una rama. El aire olía a humo y a humedad.
:- ¿Vos me decís que la paranoia es lo que originó nuestro pensamiento abstracto?- pregunte intentando distinguir sin éxito, su rostro detrás del fuego que comenzaba a apagarse.
No me respondió de inmediato. Se incorporó, Tomo la pava del fuego antes de que el agua hirviera , cebo el primer mate y lo escupió a un costado. Cebo el segundo y lo trago despacio. Yo me recosté sobre la bolsa de dormir. Recibí el mate que y chupe la bombilla mansamente.
:- No no era Paranoia todavía,- Dijo después de pensárselo un rato- Era miedo a la vida, a una vida incomprensible y dañina y a una muerte aterradora, impredecible y desconocida, pero era un miedo justificado un miedo a todo, pero con un objeto, la paranoia vino después, la paranoia es miedo a la nada, el miedo al miedo mismo –
Volvimos a quedarnos silenciosos. Oí el crujido de las ramas cuando el viento pasaba entre ellas. Me imaginé a los hombres prehistóricos, a aquellos nómadas concientes e ignorantes estremeciéndose de pavor antes la luz borrosa que su imaginación proyectaba sobre el ya de por si hostil entorno.
:- El miedo al miedo mismo – repitió- Las religiones fueron causa y consecuencia de ese miedo a la nada, entonces el miedo se apaciguó, pero la paranoia fue creciendo y creciendo alimentándose de todos esos temores , multiplicándolos, y reprimiéndolos.
Recibí un nuevo mate y mientras lo tomaba recordé haber leído que Fenicios y antes Sumerios, sacrificaban bebes en una estatua candente del demonio Moloch, representación de la maldad misma, para apaciguar su ira a la que temían mas que a ninguna otra cosa.
¿ Alguien sacaría provecho de aquello?- Me pregunté -o acaso el pánico colectivo era tan incontrolable que como una oscura enfermedad los iba volviendo locos, devorándolos de a poco y los llevaba a sacrificar su propios hijos a cambio de un sosiego pasajero. Lo dije.
:- Pensá en las guerras- Me respondió – Es lo mismo en pleno siglo veintiuno, sacrificios humanos para apaciguar el miedo y perpetuar la paranoia- Nada da mas miedo que el miedo, ni siquiera la muerte- agregó de inmediato como si hubiera sabido lo que iba a preguntarle..- La espera persistente, helándote la sangre, tensándote los nervios, volviéndote loco. Segundo a segundo-
:¿ Y la espera de que….?- la interrumpí.
:- Nada concreto- indicó – es un miedo sin objeto, es un miedo abstracto, representativo de todos los miedos, un miedo cuya experimentación resulta mas aterradora que cualquier muerte imaginable-
Me acomodé sobre mi brazo y prendí la linterna. La puse sobre mi mentón y poniendo gruesa, la voz bromee – El bosque podría cobrar vida, podríamos haberle incomodado el sueño milenario con nuestro humilde fuego. Los árboles podrían reagruparse sin que nos diéramos cuenta formando un laberinto simétrico, y entonces desde el rió podría abrirse paso un delgado cauce de agua hasta nuestra fogata que aullaría y se apagaría entre nubes de vapor y humo… entonces oiríamos el siseo, y el sonido de una masa vigorosa que se arrastra hacia nosotros…-
:- No. No podes imaginarlo…el miedo del que hablo no puede ser imaginado- me dijo con calma y bostezo. -Apaga esa linterna-
Hice lo que me dijo. -¿Dormimos acá?- pregunté – Dale- respondió y volvió a bostezar. .
El fuego terminaba de consumirse. Los picos de los cerros lejanos iluminados por detrás por la luna proyectaban sombras híbridas sobre las arboladas que se erguían cruzando el rió. Algunas cuantas estrellas parpadeaban en los claros que se abrían entre de las nubes que cubrían el resto del cielo, y los árboles desguarnecidos crujían columpiándose de un lado a otro. Una brisa recorrió el campamento en dos soplidos y trajo consigo un aire fresco y limpio que aspiré con gusto. Me metí en la bolsa de dormir, me hice un bollo y acomodé la cabeza entre mis brazos. Oí que ella hacía lo propio al otro lado del fogón.
Pasaron algunos minutos sin que pudiera pegar un ojo, la mirada clavada en el arco desnudo de hojas, y la cabeza repasando ideas – Sabes que- Dije finalmente con las voz apagada por el sueño – Es verdad, que después de lo que dijiste no logro imaginarme nada que pudiera darme tanto miedo, aun sabiendo que estamos los dos solos en medio de la nada-
No me respondió, Escuché su respiración cruzando las cenizas aun calientes y supe que ya dormía profundamente.
Sentí un roce sobre el hombro y me sobresalté. Era una hoja mojada. Me reí de mi mismo.
Y entonces desde la carpa, ubicada a unos cuantos metros del fogón, oí la voz temblorosa de mi compañera que preguntaba: ¿con quien hablas pablo? me estas dando miedo-

