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l Psiconauta número 50000643267 despertó y eso nunca había sucedido antes. Él, como todos los de su especie, vivía en un sueño de conciencia total conectado a la red proto-neuronal del proyecto Gestalt 5.0.

El Psiconauta número 50000643267 despertó temblando, un sonido zumbante le había erizado la piel y luego esa misma piel comenzó  a arderle en varios lados del cuerpo que se estremeció en un profundo escalofrío.

Los Psiconautas pertenecían a la raza denominada Homo Sapiens Cyborg, (h.s.c), la inmediata evolución del Homo Sapiens Sapiens (h.s.s), sujetos de una adaptación superlativa y hereditaria a un entorno de silicio, conexiones y trasmisores.

Sus cerebros generaban sinapsis en un porcentaje altamente superior a cualquiera de sus antepasados humanos. Eran capaces de procesos cognitivos lingüísticos y semánticos  de profunda complejidad, y manipulaciones abstractas en universos de n dimensiones les eran naturalmente posibles poco después del nacimiento.

En los primeros años de vida desarrollaban la capacidad de conectarse a una terminal de red inalámbrica  con suma facilidad y sin ningún tipo de implante, sólo manipulando las propias ondas y pulsos electromagnéticos, pudiendo procesar y transmitir información a la misma velocidad que los ordenadores cuánticos de ultima generación.

Se los llamo Homo Cyborg  por la empatia natural que manifestaron con las novedosas computadoras biológicas de fin del siglo veintiuno, la primera construcción de vida artificial, conciente y sensible.

Los Psiconautas, aquellos H.S.C  con especial capacidad de interconexión, poco a poco se fueron destacando en todos los campos de las ciencias naturales, quedando la primacía de las artes en manos de los H.S.S.

Para la llegada del siglo veintitrés se inauguro el proyecto Gestalt, una red neuronal que facilitaba la conexión de todos los H.S.C  alrededor del mundo en una sola y enorme inteligencia entrelazada. Fue anunciado como el proyecto más ambiciosos y costoso de la historia de la humanidad. Y así lo fué. En los años que siguieron, el proyecto Gestalt  permitió avances inimaginados en los campos la física, la química, las matemáticas,  la robótica, la  astronomía y la economía.

Pudo anunciarse hacia fin de ese mismo siglo, que finalmente se había alcanzado la tan anhelada unificación de los campos. Se retomo la conquista del cosmos con bríos renovados y posibilidades impensadas.

En la tierra, el gobierno mundial, anunció para ese mismo año el fin definitivo de la pobreza en la tierra y una nueva era de bienestar  y prosperidad planetaria. Los computadores realizaban el trabajo pesado. Los H.S.C  y los hombres creaban, investigaban,  pensaban y disfrutaban. Los Psiconautas aportaban el factor de genialidad: la chispa sagrada que esporádicamente había hecho que la humanidad diera un salto cualitativo era entonces constante y  crecía exponencialmente.

Los problemas ambientales se convirtieron en un vergonzoso  recuerdo del pasado, así como las guerras, el hambre, la esclavitud y la persecución ideológica. Los Homo Sapiens habían logrado finalmente construir su propia Utopía.

Cuando en el siglo veintitrés cayó la primera roca, nadie estaba ni por asomo, preparado para semejante desastre. Una bola ígnea  visible desde todos los puntos del hemisferio sur, surcó los cielos y estallo sobre la cordillera de los andes, provocando una explosión catastrófica seguida por una serie de terremotos y tsunamis que espantaron al mundo. Al primer impacto, siguieron otros de menor tamaño pero de gran poder destructivo. En unas pocas horas el paraíso se había transformado en el infierno.

El consejo mundial, en una reunión extraordinaria, adoptó una solución inmediata por unanimidad: La conversión de la red neuronal Gestalt 3.0 en un sistema de defensa, encargado de construir y manejar las baterías de de misiles orbitales y sondear el espacio en busca de posibles amenazas. Nació así la Gestal4.0

Pronto se recubrió el motivo de la colisión. Dos planetas en el borde mas cercano de la galaxia, habían cruzado sus orbitas hacía siglos y estallado en una explosión que en la tierra apenas se había visto como un chispazo en el cielo nocturno, generando un gigantesco cinturón de asteroides, cuya orbita alrededor de la vía Láctea encontraba a la tierra en el medio de su recorrido. Las colisiones serían las primeras de una infinidad que la atacarían por los siguientes cuatro siglos.

Todas las posibilidades fueron exploradas y todos los  recursos fueron destinados al   Gestalt 4.0,  que fue 5.0 cuando algunos años después, fue finamente perfeccionado hasta ser una entidad plural fotosintética y autopoiética.

Todos y cada uno de  los Psiconautas, pasaron a formar parte  de  una pared metafísica autoconsciente e impenetrable  de rastreo y destrucción de rocas vagabundas.

Pero el día 4 del mes 7 del año 2697, el Psiconauta numero 50000643267 despertó y vió a la criatura.

Una maldad primigenia de la que los archivos no guardaban información se proyectó ante sus ojos blanquecinos como una sombra diminuta y tembló todo su organismo. Intentó seguirla con la vista e  identificarla, pero  de inmediato la vió desaparecer camuflándose con el entorno. Nada, en su constante entrenamiento para cazar asteroides, lo había preparado para aquello.

Sintió el monstruoso sonido y toda la piel se le erizó en un escalofrío profundo que develó los punzantes ardores que la cubrían. Supo que aquel ser oscuro que remontaba vuelo, lo había despertado con su artero ataque y que ahora lo observaba escondido en algún sitio del espacio-tiempo. Temblando, aguardó agazapado y en silencio mientras transcurría un instante que le pareció una eternidad, pero la criatura no volvió a aparecer y pronto el sueño lo reclamó, pues la vigilia no era para los Psiconautas  más que un soplo confuso de trans-temporalidad.

Intentó conectarse nuevamente haciendo caso omiso al ardor sobre el cuerpo y al temor que crecía dentro de su pecho.

Entonces, justo en el instante en que retornaba a su sueño-conciente y comenzaba a recobrar la calma, se desconectó abruptamente al tiempo que volvía a  oír aquel sonido bestial, casi mecánico, que  se aproximaba abalanzándosele.

Lo invadió un terror desesperado y completamente fuera de sí, hizo un uso descontrolado de sus miembros físicos para intentar golpear al invasor, mientras los nervios se le crepaban al punto de generarle un tembloroso mareo.

Pero pese a sus reiterados intentos, la criatura se escabulló sin problema y nuevamente se hizo invisible, mientras él descubría dos nuevas y picantes hinchazones en los nudillos de sus manos.

Pasó el tiempo y  el Psiconauta numero 5000064326 permaneció despierto, enajenado, con las mandíbulas contracturadas, las manos frías y la boca reseca, susurrando maldiciones, mientras en su mente superior una sola idea tomaba retorcida forma y se repetía incesantemente: “destruir a la a criatura que buscaba alimentarse del flujo que le corría por dentro y de ser posible, corresponderle todo el sufrimiento que ésta le había generado”.

Aguardó sin lograr serenarse, obsesionándose a cada segundo y en el colmo de su obsesión, descubrió que la criatura no estaba constituida por un solo individuo sino por muchos. Entidades físicas disímiles, capaces de cooperar y relevarse con el único fin de atacarlo. La locura completa se apodero de él. Sobrevino entonces el llanto, la angustia y el abandono. Concibió detrás de aquella una maldad dirigida, decidida a quebrarle el sistema nervioso, a subyugarlo a una rendición humillante. Creyó ver en aquellos movimientos coordinados que lo sobrevolaban rasante una danza soberbia, una demostración de poder y sometimiento.

En un último intento de recuperar su orgullo, se irguió de la cápsula que servía de protección de Munio de la  cabecera acolchada, y haciendo uso de todas sus facultades combinadas y como siglos antes, la humanidad había hecho contra la lluvia de meteoritos, abandonó la defensa y encabezó un ataque corajudo, aplastando a diestra y siniestra cada una de las criaturas con la almohada de sintético y esponjoso plástico.

Riendo desencajado, observó a su enemigo agonizante. Se fregó el cuerpo con la sangre de los vencidos y con su propia mano aplasto  al último de los mosquitos. Aún poseído por la furia guerrera, redirigió con su mente las baterías de metrallas y las descargó, sin misericordia, contra la pared donde el insecto se retorcía moribundo, le siguió una descarga de cañones láser de alta precisión y descargó por fin, una ráfaga de misiles de impacto local, que desintegraron por completo las cuatro paredes que lo rodeaban quedando reducidas a una montaña de polvo.

Recién entonces, cuando la paz retornó por fin a su cuerpo, el Psiconauta respiró aliviado y sonrío. Con un  esfuerzo ínfimo  de concentración, volvió a conectarse a la red de redes. Tres segundos después se hallaba en el seguro y confortante universo binario y sentía en el cerebro el cosquillante flujo de información que lo recorría poniéndolo al tanto de la situación.

Reparó instantáneamente en la alarma de máxima seguridad, que sonaba sin cesar hacía más de diez  minutos, y en la inmensa nube de vapor ardiente que comenzaba a emerger de  todo aquello de lo que sus censores daban cuenta.

El Psiconauta número 5000064326 se evaporó como todo a su alrededor.

No llegó a saber jamás del gigantesco aerolito que, por la zona que a él le tocaba controlar en primera instancia, penetró las cuatro capas de defensa que él mismo dirigía, alcanzando la estratosfera terrestre dónde se deshizo en un sinnúmero de inmensas rocas que regaron el hemisferio norte del planeta, aniquilando en pocos segundo cualquier vestigio del hombre, sus antecesores y sus descendiente.

Tampoco llegó a saber que, como la mayoría de los insectos, los mosquitos sobrevivieron a la hecatombe.

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