Manifiesto del nihilismo entropico- segundo manifiesto.
Posted by: Pablo D`Amato in 02 PUBLICACIONES ONLINE, Manifiestos Add comments
El ser implica concepto o idea. Un azulejo es porque concebimos la idea de azulejo, sino no sería un azulejo. Nosotros creamos, dotamos eso que no es (o sea que tampoco puede ser eso ya que es nada y la nada no puede ser, por tanto la nada como tal muere al momento en que se la piensa) con la idea de azulejo y lo transformamos en algo. Asimismo concebimos la idea de sus partes, sus funciones e incalculable cantidad de conceptos redes de conceptos y redes de redes conceptos que lo rodean y que lo constituyen.
No somos meros observadores, sino autores, pues tales conceptos construidos por nuestras mentes “impregnan” la nada para trasformarla en algo y así crear nuestra visión de la realidad. Algo no existe como algo hasta que esa nada es dotada con el valor de algo y ese algo con el valor de azulejo y así sucesivamente. Incluso luego de eso tan solo percibimos una imagen de ese algo, a la cual creamos e interpretamos. El original es inaccesible como tal.
La historia del hombre nos muestra (y esto como todo es tan sólo una interpretación que por ser tal, es incompleta y tendenciosa) en una afanosa búsqueda de sí mismo, de una verdad ultima, “La verdad” y de una correcta interpretación de la realidad, un permanente intento por des-cubrir lo verdadero. Se busca la verdad como si tal existiera previo al pensamiento de ésta, por sí sola más allá de nuestra concepción (construcción) Se la busca sin darse cuenta de que el hombre mismo crea los conceptos, ideas y filosofías, así como si fuera un faro que ilumina a medida que inventa qué iluminar.
Para encontrar lo único infinito y estático el hombre no tiene más que mirar sus orígenes y comprender la nada (vacío conceptual) de la que es parte y a partir de ella comprenderse a sí mismo como factor desequilibrante, como gran creador de existencia.
La historia de la humanidad puede ser interpretada siguiendo la idea de la influencia, la tradición y el poder. Estamos hablando de un proceso inconsciente del que todo hombre es víctima y victimario en mayor o menor medida, dependiendo de la conciencia de poder que logre alcanzar, es decir, de la capacidad de influir concientemente o bien la capacidad de negarse concientemente a la influencia. Estas influencias, a la manera del caudaloso Rio de Heraclito corren sin detenerse jamás en el mismo lugar, se trata de un movimiento perpetuo. Esta influencia que todos sufrimos y ejercemos permanentemente, que resulta el devenir natural de las relaciones, tiende a formar una red, que estará asimismo conectada con otras redes y que entre todas formarán una gran red que se conectará con otra gran red y así sucesivamente.
Cuando existe algún nodo muy poderoso de influencia consciente, se auto regenera en un circulo vicioso, los mismos nodos influenciados serán quienes den poder de imponer verdad al nodo influenciador, aceptando y haciendo suya la verdad de éste, que según la época en la que suceda controlará los medios existentes de influencia y procurará conservarlos para sí. Pasado el tiempo, tales verdades pasan a formar parte de la tradición, se convierten en poderosas influencias inconscientes de las verdades que las sucedan y se vuelven prácticamente incontrovertible.
Concebimos la historia del hombre en cuanto construcción de realidades, construcción de sí mismo, de lo físico y lo metafísico y por el poder que ejerce para que una u otra construcción se levante por sobre las demás. La historia del hombre en cuanto poder y capacidad de ejercerlo.
x Pablo D`Amato

